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Presentación

La mayor parte de los grupos regionales o nacionales de curas casados se formaron en la década de los años 70 del siglo XX, dentro de la desbandada de una hemorragia sin precedentes en el clero católico. Sucedió que, después de la “primavera de la Iglesia” que había impulsado el Concilio Vaticano II, rebosante de un espíritu evangélico, de una esperanza de renovación y de diálogo con el mundo contemporáneo, fue preciso bajar las expectativas… La Humanae Vitae, en 1968, el Sínodo de los Obispos en 1971 anticiparon el retorno de la restauración, tanto en el campo de la moral (rigidez dogmática a propósito de la sexualidad) como en el dominio eclesial (manipulaciones y vacilaciones en la puesta en marcha de un funcionamiento mínimamente democrático). Ante todo esto, más de 100000 curas católicos, de cualquier parte del mundo y de todas las culturas –una cuarta parte de los efectivos totales- se casaron y fueron obligados a dejar su ministerio, a veces su medio, su familia, su lugar de residencia; la mayoría de ellos obtuvieron con cierta facilidad la dispensa canónica del celibato.

La vitalidad de estos grupos respondía, sin duda, a una necesidad tanto personal como social. Y sucedió que estos curas, sus compañeras y, a veces, sus hijos, debieron soportar el peso de una culpabilidad que no tenía muchas veces ningún fundamento, pero que los encerraba en un silencio sospechoso. Expresarse, mantenerse, ayudarse mutuamente y estar presentes para acoger a loa otros fue la primera función, y tal vez la más importante, de estos grupos de Amigos.

Pero la reflexión en común, el deseo de valorar sin nostalgia la experiencia adquirida, la incapacidad de plegarse a una actitud pasiva tantas veces impuesta a los fieles, han orientado a estos grupos de curas casados a darse una segunda proyección más combativa y estructurada en la puesta en marcha de unos “ministerios renovados”. Este compromiso atrajo la atención de muchos curas que permanecían en el servicio activo oficial, en ocasiones  bien lejos de la edad de la jubilación, y también de asociaciones de laicos con la nostalgia de democracia y de reformas. En el plano internacional particularmente, este combate ha beneficiado búsquedas y avances que dieron lugar a encuentros internacionales -cada tres años- de la Federación Internacional de Curas Católicos Casados.

Pero nos quedamos cortos si decimos que lo que motivaba a estos grupos hace 20, 30 o 40 años, sigue aún de actualidad, y tal vez más todavía hoy que entonces… Los escándalos de abusos sexuales entre el clero, el silencio cuidadosamente guardado en torno a las relaciones clandestinas de curas, la negación sistemática a abrir el debate en torno a la ley del celibato obligatorio, la cerrazón del sistema de gestión clerical  de las comunidades mediante la importación de clero extranjero… son otros tantos motivos que nos interpelan y provocan nuestra toma de posición y nuestro compromiso…